Por qué es necesario que elimines la palabra “dieta” de tu vocabulario

Actualizado: jul 5

OK, lo diré desde un principio… ODIO la palabra “dieta”. Así es, soy una nutrióloga que odia las dietas y déjame decirte mis razones:

  1. Dieta implica restricción

  2. Dieta está asociada con sufrimiento

  3. Dieta se percibe como temporal

  4. Dieta no es salud

Aquí Homero ilustra a la perfección lo que la dieta representa


Inmediatamente cuando pensamos en una “dieta” lo primero que viene a nuestra mente es todo aquello que dejaremos de comer y lo mucho que vamos a sufrir. Si, tal vez el pensamiento de lo asombrosas que se verán tus fotos en la playa o lo bien que te verás luciendo ese glorioso vestido en la boda te entusiasma tanto que estás dispuesto a pasar por ese “sufrimiento” con tal de lograrlo. Pero, suponiendo que lograste tu cometido y seguiste con tu dieta hasta el final, ¿qué pasará una vez que regreses de la playa ó la boda haya pasado? Definitivamente regresarás a comer lo mismo que comías antes y con desenlaces bastante desastrosos y el “ciclo de la dieta” empezará de nuevo.

El ciclo de la dieta

Así es como regularmente sucede…

  1. Decides que te urge bajar de peso así que el lunes (obviamente) empezarás la dieta.

  2. Durante el fin de semana te dedicas a “despedirte” de todos aquellos alimentos que por mucho tiempo dejarás de comer. Comienzas por la mañana en el IHOP diciendo adiós a los pancakes ó posiblemente en los tacos diciéndole a don Pepe que no volverás en un rato, a mediodía vas por una hamburguesa y decides que mereces ese brownie de postre porque sabrá Dios cuándo podrás consumirlo de nuevo y por la noche cierras con una pizza y sus respectivas cervezas para poder marcar el fin de tu vida de “gordo” y dar paso al comienzo de tu nueva vida.

  3. ¡Y arrancan! el lunes parece más largo que de costumbre, iniciaste con entusiasmo y tratas de convencerte que ya te sientes más flaco después de desayunar ese licuado verde y tu pan tostado. A mediodía ¡qué delicia! una pechuga de pollo al vapor con 2 tostadas deshidratadas y tu taza de lechuga, te duele un poco la cabeza pero no importa… ¡tú puedes con esto! Llega la cena (programada para las 8, la recorres para las 7 pero la estabas esperando desde las 4) una deliciosa lata de atún con pico de gallo, sin tostadas (por aquello de los carbohidratos en la noche) y te lo pasas con un vaso de agua (con chía, por supuesto).

  4. Así pasan los días y para el día 4 continúas con aquel dolor de cabeza, te cuesta trabajo mantenerte despierto y por alguna extraña razón andas con un carácter de “mírame y no me toques”.

  5. ¡Por fin llega el fin de semana! Prometes que te portarás bien pero no puedes evadir los compromisos sociales y piensas “no importa, pediré ensalada” pero al momento de llegar las entradas decides probar un poquito “me he portado bien, lo merezco”, sin darte cuenta, lo que empezó siendo una probadita terminó siendo el plato completo y sientes que ya todo está arruinado así que alivias tus penas con más comida.

  6. El lunes empiezas de nuevo…

Tal vez parezca que estoy exagerando pero todos hemos pasado por eso, lo resumí a una semana pero hay quienes lo viven en mayor o incluso menor tiempo y el ciclo siempre se repite y te voy explicar dónde está el problema, o más bien desde donde empieza.

El problema de las dietas

Hay varios problemas que yo veo con el término “dieta”.

El principal problema es que desde el momento en que empiezas una dieta sabes que en algún momento terminará, es algo temporal sólo de aquí a que llegues a tu objetivo al cual quieres llegar lo más pronto posible. No importa si estás siguiendo una dieta que encontraste por internet ó si estás llevando el plan nutricional proporcionado por una nutrióloga, desde el momento en que piensas en “dieta” estás programándote para en algún momento dejarlo.

El segundo problema es asociar la dieta con restricción y con esto me refiero tanto a cantidad como a variedad. Únicamente puedes pensar en todo aquello que NO puedes comer y como es de esperarse, el no querer pensar en ello hace que termines pensándolo aún con más ganas y ves las opciones de lo que sí puedes comer bastante limitadas y miserables.

Por último, uno de los problemas más grandes es pensar que la única razón por la que necesitas cuidar tu alimentación y ponerte a dieta es únicamente para bajar de peso o porque de plano ya tocaste fondo y tu médico te obliga a hacerlo. Se nos olvida que la razón por la que necesitamos los alimentos no es para tener nuestro estómago lleno, sino para tener nuestro cuerpo NUTRIDO. Es proporcionar todos aquellos elementos esenciales que nos permiten mantener nuestras actividades día con día que van desde simplemente estar sentado leyendo, hasta correr por una hora en intervalos ó sacar tus máximos en levantamientos y créeme, nada de esto lo lograrás al 100% de tu capacidad ni con una orden de papas fritas o con sólo un té y pan tostado por la mañana.

Así que por favor… ¡olvídate de la dieta! Esta frase es de las más trilladas pero realmente quiero que lo hagas, quiero que dejes de estar a dieta, pensar en dieta ó tener pesadillas con dietas (conozco gente que le ha pasado). Lo que quiero es que te des cuenta de la otra cara de la moneda y comiences a pensar en alimentación saludable y en darle a tu cuerpo lo que realmente necesita.

¿Comer para vivir o vivir para comer?


Lo que descubres al comer saludable

Te planteas objetivos a largo plazo. Cuando cambias tus objetivos y comienzas a cambiar tu alimentación para mejorar tu salud e incrementar tu rendimiento deportivo, todo se vuelve totalmente diferente. Para empezar no lo ves como algo temporal porque, ¿quién quiere dejar de tener salud en algún momento? ó ¿quién ya no quiere mejorar en su deporte?

Descubres la variedad de alimentos que puedes consumir. Cuando empiezas a buscar comer saludable empiezas a darte cuenta de todo un mundo nuevo de deliciosos alimentos y combinaciones que habían pasado desapercibidos antes y comienzas a disfrutar lo ricas que pueden ser las frutas, las verduras y que las carnes no necesariamente tienen que ir empanizadas para tener buen sabor.

Te olvidas del sufrimiento. En las últimas dos décadas nuevos estudios han surgido relacionando el vínculo que tiene la alimentación con el estado emocional. Por ejemplo, estudios realizados por Hopf y White, Horwath y Conner en 2013 encontraron una fuerte relación entre el alto consumo de frutas y verduras con estados de humor positivos. Asimismo, Aubrey, 2014 encontró una relación entre el consumo de ácidos grasos omega-3 a través de pescado, huevo, alimentos de hoja verde, etc con la salud emocional y bienestar integral.

Comienzas a formar hábitos para toda la vida. Es totalmente válido plantearse objetivos con tal de mantenerse motivado, sin embargo hay algo que nos cuesta mucho entender: si lo que queremos son resultados duraderos jamás los lograremos con cambios temporales.

Es sencillo cuidar las cantidades. Definitivamente cuidar las calorías que consumes es importante tanto para mantener como para modificar tu peso corporal actual. Sin embargo, el tipo de alimentos que consumimos también juega un papel importante al momento de perseguir estos objetivos. Cuando te concentras en mantener una alimentación saludable, mantener el balance energético es mucho más sencillo pues los alimentos que consumes te mantienen satisfecho sin únicamente llenarte de calorías vacías. Sino ahí te va este reto: ¿cuánto tiempo crees que te toma comer una rebanada de pastel? Vamos a decir que lo disfrutas y te tardas unos 20 minutos. Ok, ahora intenta comerte las 8 manzanas que contienen las mismas 400-500 kcal de la rebanada de pastel y dime si puedes consumirlas en ese tiempo y si realmente lo logras, dime si te quedas con ganas de otra manzanita así como a veces sucede con “la otra rebanadita”.

Te das cuenta del impacto en tu salud y rendimiento. Cuando te alimentas saludablemente no sólo estás logrando cambios en tus tallas ó en la báscula, sino que aún más importante estás logrando cambios en tu interior. Sientes tu piel diferente, tienes suficiente energía, tu cuerpo se encuentra en balance y dispone de todos aquellos nutrientes esenciales para lograr a cabo sus funciones a la perfección y sobretodo…

“Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina.” – Hipócrates

Dejas de ver a la comida como el enemigo. Los alimentos son la herramienta más poderosa que tienes para lograr todos estos cambios que te acabo de mencionar así que terminas por descubrir que la comida es tu mejor aliada y que tú eres quien tiene el control sobre lo que come, no es la comida quien te controla a ti.

Tal vez el motivo por el que quieres empezar a cambiar tu alimentación es porque quieres bajar de peso o cambiar tu composición corporal (prefiero que pienses en % de grasa en vez de sólo kilos, pero ese es otro tema). Sin embargo, quiero que te des cuenta que el hacerlo a través de una alimentación balanceada te ayudará no sólo a lograr esos cambios que estás buscando y mantenerlos, sino que al mismo tiempo empezarás a ver el beneficio que conlleva para todos los aspectos de tu salud y rendimiento deportivo. Definitivamente el llegar con menos porcentaje de grasa a esa carrera te ayudará a tener un mejor resultado pero te garantizo que el resultado será aún mejor si durante el tiempo de tu preparación y la competencia te mantuviste consumiendo todos aquellos nutrientes que tu cuerpo realmente necesitaba.

No todo es miel sobre hojuelas

Sé que el punto anterior lo redacté casi como si fuera un cuento de hadas donde todo es felicidad y armonía y como si una vez que decides comer saludable, los tacos, pasteles y demás antojos jamás volverán a pasar por tu mente ni por tu boca. Lamentablemente no es así y estos alimentos continuarán apareciendo por tu camino, sin embargo una vez que entiendes el impacto que tiene la alimentación saludable sobre tu bienestar integral y que aprendes a diferenciar aquellos alimentos que te acercan a ese bienestar de aquellos que no lo hacen, tu relación con la comida cambia así como las decisiones que tomas al momento de alimentarte.

Realmente no se trata de que ya nunca vuelvas a comer esos alimentos que tanto te gustan… ¡al contrario! Sé que hay muchos alimentos deliciosos que no pueden ser clasificados como los más saludables (yo les llamo desestabilizadores), pero tampoco es justo que los clasifiques como prohibidos o que digas que son del diablo, porque realmente tampoco es así. El problema empieza cuando comida, tras comida, semana, tras semana optas por continuar escogiendo este tipo de alimentos altos en azúcar, grasa y calorías vacías sobre aquellos llenos de fibra, energía y nutrientes esenciales.

Mi objetivo al explicarte todo lo anterior es que dejes de ver tu alimentación como un sendero en donde sólo tienes dos caminos: el de la comida deliciosa pero chatarra ó el de la comida desagradable e insípida, en donde en uno sufres porque engordas y en el otro sufres porque “estás a dieta” ¡para nada! En la nutrición no hay sólo negros y blancos (es un mundo bastante colorido, de hecho) y comer saludable significa realmente eso, encontrar ese balance de nutrientes y cantidades en donde te permites comer de todo y disfrutarlo sabiendo que estás eligiendo aquello que es mejor para tu organismo y cuando llegas a comer esa rebanada de pastel ó esa hamburguesa que tanto te gusta te das cuenta que realmente puedes disfrutarlo sin sentirte culpable ni sentir que todo está arruinado porque eres tú quien tiene el poder y porque lo estás haciendo por gusto y no sólo porque no sabes comer otra cosa.

Referencias









  1. Aubrey, A. “Food-mood connection: How you eat can amp up or tamp down stress.” WBUR Boston/NPR News (2014).

  2. Hopf, Sarah-Marie. “You are what you eat: How food affects your mood.“Dartmouth Undergraduate Journal of Science (2013).

  3. White, Bonnie A., Caroline C. Horwath, and Tamlin S. Conner. “Many apples a day keep the blues away–Daily experiences of negative and positive affect and food consumption in young adults.” British journal of health psychology 18.4 (2013): 782-798.

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