Pseudociencia y nutrición

Actualizado: jul 5

La semana pasada un artículo publicado por la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA) publicó un artículo con información controversial revelando que la “Asociación del Azúcar” pagó en 1967 a 3 científicos de Harvard el equivalente a $50,000 dólares actuales para publicar un artículo de revisión científica sobre azúcar, grasa y la enfermedad cardiovascular. Los estudios para el artículo fueron seleccionados minuciosamente y el vínculo entre el azúcar y la salud cardíaca fue minimizado mientras que el rol de la grasa saturada fue exacerbado (aquí puedes leer lo que el NYT publicó al respecto).

Este artículo es alarmante porque demuestra cómo fue que la industria tuvo la capacidad de influir a tal grado que las recomendaciones dietéticas pudieran favorecerles. Hoy en día, la advertencia del consumo de grasa saturada sigue siendo prioridad en las normas dietéticas, aunque en los últimos años, la Asociación Americana del Corazón, la Organización Mundial de la Salud y otras autoridades sanitarias también han comenzado a advertir que el exceso de azúcar añadido puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Como amante de la ciencia, noticias como esta me preocupan pero al mismo tiempo me motivan para seguir cuestionando la información disponible y los estudios que la validan. Sin embargo, son pocos los que hacen esto y muchas veces resultados con muy poca validez científica terminan en primera plana de los periódicos o siendo la sensación del momento. Es por ello que decidí dedicar un post para hablar sobre la importancia que tiene el evaluar las fuentes de donde estamos recibiendo la información.



La ciencia detrás de las recomendaciones

En 2013, en un análisis publicado en la Revista Americana de Nutrición Clínica los investigadores seleccionaron 50 ingredientes al azar de un libro de recetas y buscaron estudios evaluando su asociación con el riesgo de desarrollar cáncer. Resulta que para el 80 porciento de los ingredientes que seleccionaron, por lo menos existía un artículo reportando su relación con algún tipo de cáncer. Algunos estudios señalaban un riesgo incrementado de cáncer, otros un riesgo disminuido pero para la mayoría el tamaño del efecto realmente no era grande. En la siguiente imagen puedes ver el resumen de algunos de los hallazgos.

Ahora, posiblemente después de ver la imagen anterior has llegado a alguna de las siguientes conclusiones:

  1. a) No volveré a comer tocino, tiene puro puntitos rojos.

  2. b) La cebolla es la solución para el cáncer.

  3. c) Tal vez si mi tocino lo preparo con cebolla puedo balancear los efectos (¡BAM!)

Pero ¡no!, realmente lo que este estudio quiere mostrar es que una gran mayoría de los alimentos más comunes han sido relacionados de alguna u otra manera con el cáncer, sin embargo la gran mayoría de los estudios implicados basaron sus conclusiones en evidencia estadística débil.

Recientemente se ha observado una tendencia a “satanizar” ó a “glorificar” los alimentos y mucho de esto proviene de casos muy similares a los encontrados en este estudio. Sin embargo, a la fecha, ninguno de esos alimentos ha demostrado ser letal y mucho menos la cura para todos nuestros males, y como quiera seguimos queriendo atribuirles estas propiedades.

Cuando se trata de analizar la evidencia científica, la calidad de la evidencia depende de diversos factores pero uno muy importante a tomar en cuenta es el del tipo de estudio de donde la información proviene lo cual está ilustrado en la siguiente imagen.

Dado que por razones éticas, un estudio en donde se diga “vamos a darle a 50 personas Y cosa para ver si desarrollan Z enfermedad” es obviamente imposible, mucha de la evidencia tiene que obtenerse a través de estudios observacionales donde lo que se hace es lo siguiente:

  1. Caso clínico: Paciente sultana, consumió W, X, e Y y desarrolló Z.

  2. Series de casos: 5 pacientes consumieron R, S, e Y y desarrollaron Z.

  3. Estudios de caso – control: Se observó que pacientes con Z tienden a consumir más Y comparado con aquellos que no padecen de Z.

  4. Estudios de cohorte: Después de analizar a una población consumiendo Y y otra población que no lo consume por 10 años, se encontró una mayor presencia del padecimiento Z en aquellos que consumían Y.

Son estudios observacionales porque en sí no se hace ningún tipo de intervención, simplemente se sigue un comportamiento y se busca su relación con algún resultado. La principal razón por la que los estudios experimentales (pruebas controladas aleatorizadas) se consideran de mayor calidad es porque se tiene un mejor control de las variables además de que el riesgo de que el resultado esté causado por alguna otra variable presente es mucho menor. Algunas de las limitaciones de los estudios observacionales en nutrición son las siguientes:

  1. Es difícil controlar las variables.

  2. Es necesario confiar en lo que la gente reporta que comió o no comió.

  3. El resultado puede ser a causa de otra variable que no se está tomando en cuenta.

  4. No hay forma de establecer una relación causa – efecto, sólo se puede concluir que hay cierta tendencia ó vínculo.

¡Este último punto es realmente importante! Los estudios observacionales son buenos y sirven para generar una hipótesis sin embargo no pueden generarse conclusiones de causalidad a partir de ellos y mucho menos a raíz de UN solo estudio. Aquí te va un ejemplo real:

En 1981 un estudio observó a pacientes con cáncer pancreático y los comparó con pacientes del mismo hospital que no presentaban este tipo de cáncer. Uno de los principales hallazgos del estudio fue que se encontró una relación dosis-respuesta con el consumo de café donde a mayor consumo de café, mayor las probabilidades de padecer de cáncer pancreático, sobretodo en mujeres… ¡chan chan chan! (busqué un video con una reacción telenovelesca dramática pero no pude encontrarlo, espero mis efectos especiales textuales hayan sido suficientes jaja). 

Peeeero… antes de lanzar conclusiones y llenar titulares diciendo “El café causa cáncer pancreático”, los investigadores observaron sus resultados y los dividieron considerando el consumo de café y la relación con el consumo de cigarrillos separando a fumadores de no fumadores. Al hacer esta división, encontraron que realmente el cáncer pancreático estaba relacionado con el consumo de tabaco y que la relación que se había observado con el consumo de café era porque la mayoría de los fumadores tendía a consumir mayor cantidad de café, llevando a esa asunción falsa.  



Quiero aclarar que con lo anterior no estoy diciendo que los estudios observacionales no sean buenos, ¡al contrario! gran parte de las recomendaciones actuales se tienen gracias a ellos pero sí hay que ser muy cuidadosos con la forma en que interpretamos los resultados. El que se haya encontrado una correlación no significa que se haya descubierto la causa, únicamente contribuye a establecer una hipótesis para de ahí continuar investigando al respecto. Prueba de ello está en esta página de “correlaciones falsas” donde de forma incluso graciosa podemos ver como dos variables totalmente aleatorias pueden estar relacionadas entre sí sin necesidad de ser una causante de la otra. Como el consumo de queso mozzarella y su correlación con doctorados en ingeniería civil que se muestra en la siguiente imagen.


Ahora, ya vimos que incluso la evidencia científica debe ser tratada con cuidado, pasemos ahora a aquello que no puede ser considerado como ciencia y sin embargo domina en el mundo de las recomendaciones.

Evidencia que no es ciencia

Si te fijas en la pirámide con la calidad de la evidencia, al último se encuentra “editoriales/opiniones de expertos”. EX-PER-TOS, esto quiere decir que son personas que con base en su experiencia y preparación profesional están capacitados para dar opiniones respecto a diversos temas y aún así se considera como el nivel más bajo de validez científica. Ahora imagínate dónde queda el “a la comadre le funcionó” ó el “a Kim Kardashian le resultó con esto” ni siquiera entran en la pirámide porque simplemente son resultados anecdóticos con nula validez científica y muchas veces el dichoso resultado ni está presente pero aún así seguimos dejándonos influenciar por lo que dice la comadre o comprando aquella famosa revista que contiene “Los 5 secretos de (inserte aquí su celebridad de moda) para lograr un abdomen perfecto”.

Vivimos en una era en donde prácticamente para cualquier pregunta que tengamos sólo basta con acudir a google y encontrar la respuesta. Esto es realmente grandioso y el tener acceso a todo tipo de información es muy útil. Sin mencionar que la libertad de expresión ha incrementado y sólo basta contar con una conexión a internet para poder expresar un punto de vista pero así como hay materias opinables, también existen aspectos donde la veracidad es fundamental. Por lo que es importante tomar en cuenta que no todos los sitios son confiables y que absolutamente cualquiera puede escribir un artículo sobre cualquier cosa sin que necesariamente sea cierto.

Muchos continuamos aferrándonos a la idea de que la ciencia va a descubrir un alimento mágico, píldora o el ejercicio que va a resolver el complejo problema de la alimentación saludable y la nutrición. Pero, tal  y como ya lo he mencionado anteriormente, un estilo de vida saludable requiere de esfuerzo y todo un conjunto de hábitos, no sólo de un simple factor. Por lo tanto, si algo suena demasiado bueno para ser verdad, es muy probable que realmente no tenga evidencia científica que lo respalde.

En conclusión, te invito a que continúes informándote y cuestionándote todo aquello que lees. Evita esas noticias con títulos sensacionalistas y busca aquellas publicaciones que realmente profundizan sobre el tema y no sólo llegan a conclusiones generalizadas. Las promesas de resultados inmediatos y fáciles siempre serán llamativas pero al momento siguen sin ser reales. Tratándose de nutrición y ejercicio en busca de una vida saludable “los hábitos duraderos y constantes son aquellos que terminan por ganar la carrera”.

Gracias por leerme y seguir enviándome tus comentarios, puedes hacerlo aquí mismo o escribirme a gaby.lnb@gmail.com

¡Hasta la próxima!

*Gaby

Referencias:

  1. Kearns, Cristin E., Laura A. Schmidt, and Stanton A. Glantz. “Sugar industry and coronary heart disease research: a historical analysis of internal industry documents.” JAMA Internal Medicine (2016).

  2. Nestle, Marion. “Corporate Funding of Food and Nutrition Research: Science or Marketing?.” JAMA internal medicine 176.1 (2016): 13-14.

  3. Schoenfeld, Jonathan D., and John PA Ioannidis. “Is everything we eat associated with cancer? A systematic cookbook review.” The American journal of clinical nutrition 97.1 (2013): 127-134.

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